El mindfulness (concepto que se usa en inglés) es el estado de atención plena y de conciencia de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones corporales y del ambiente que nos rodea.

Aunque tiene sus raíces en la meditación Budista, el mindfulness es una práctica que ha sido apropiada por algunas culturas occidentales en los últimos años. El objetivo de esta práctica es mantener un estado de conciencia que sea de fácil acceso y que cualquier persona pueda hacerlo. ¡Olvídate de permanecer tres horas en la posición de loto o irte a un monasterio budista!

Los beneficios del mindfulness son muchísimos pues contribuye a un mejor estado de salud corporal, emocional y mental. Aquí te dejamos algunos ejemplos:

  • Favorece el sueño y, si se practica constantemente, aumenta el sistema inmune.
  • Incrementa las emociones positivas y reduce el estrés.
  • Ayuda a mejorar la memoria y la atención. De esta forma, nos concentrarnos y rendimos mejor en el trabajo o estudio.
  • Establece relaciones más fuertes. El mindfulness nos hace personas más optimistas y relajadas. Por ende, facilita la comunicación entre personas y permite establecer vínculos más profundos.
  • Crea una imagen más sana de nosotros mismos. Si somos plenamente conscientes, nos damos cuenta que somos perfectos tal como somos. Así, tenemos un autoestima más alto y una imagen mental más sana de nosotros mismos.

Ahora, la pregunta del millón, ¿cómo podemos practicar el mindfulness? La respuesta es muy simple: concéntrate en lo que haces.

La plena conciencia nos permite vivir en equilibrio. Ese estado nos libera de la falta de atención y de la dispersión mental para vivir plenamente cada minuto.

Para ser consciente debes saber respirar. La respiración te regresa a la conciencia de tu cuerpo y de tus pensamientos. Es el puente hacia el ahora. Siempre que tu mente se distraiga, utiliza la respiración para volver al estado de conciencia.

 

  • Inhala y exhala con suavidad y lentitud. Calcula mentalmente su duración: 1, 2, 3 y, poco a poco, intenta prolongar las inhalaciones y exhalaciones.
  • Cada acto es importante. Pon atención a todo lo que te rodea, las cosas, los sonidos, las sensaciones y los olores que percibas. Lavar los platos, limpiar la casa o, simplemente, tomar una taza de té pueden ser momentos muy placenteros en tu día.
  • Reconoce que nuestros pensamientos y emociones no nos definen, y que puedes liberarte de los patrones negativos de pensamiento.
  • Sé consciente de las posturas de tu cuerpo. Ya sea que estés sentado, acostado, caminando o haciendo ejercicio, siente tu cuerpo.

Por ejemplo, en un masaje, sé consciente del calor de las manos que recorren tu cuerpo. Siente cómo con cada movimiento, tu cuerpo se relaja y tu respiración se vuelve más lenta.

  • Sonríe. Esta es una clave esencial que muchas veces nos olvidamos de hacer. Sonreír relaja los músculos de la cara y libera el estrés.

En palabras de Eckhart Tolle, “atraes y manifiestas lo que corresponda a tu estado interno” y qué mejor que atraer paz y felicidad utilizando herramientas que están dentro de ti.

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